Cámara Opina – REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Lunes 4 de enero de 2010, Columna Semanal en La Prensa y Panamá América

El año está por concluir y con él igualmente muchas esperanzas e ilusiones. Para unos habrá sido un año de dicha y prosperidad.  Algunos parientes o amigos cayeron en el camino para no levantarse más.  Desconocemos quienes seguirán, ni siquiera si nosotros mismos; y es que todo lo material es perecedero, por más que creamos lo contario.

 Detengámonos, entonces, en el camino para autoexaminarnos, ya que ante la mortalidad humana lo que vale realmente, nuestro verdadero legado, son las obras realizadas.  Ellas proyectan el reflejo más fiel de lo que en verdad somos, hemos sido y seremos.

No nos equivocamos al afirmar que para la mayoría de nosotros, imperfectos por naturaleza, este año se ha caracterizado por ser un año en que, como los anteriores, quizás, hemos puesto nuestros cuidados en nosotros mismos y en quienes nos son más queridos; creyendo equivocadamente que con tal proceder estamos en mejor capacidad de producir para nosotros y para esos seres queridos el mayor grado de felicidad.  Mas decimos “equivocadamente”, porque en nuestro deseo de buscar la felicidad por los senderos del amor propio y de la indiferencia hacia los demás, estamos asimismo perdiendo de vista que, al mismo tiempo, estamos cavando la fosa de nuestra propia ruina.

El hombre no vive aislado en una cueva sino que vive en sociedad.  Sentido de convivencia que nos viene impuesto por nuestra propia naturaleza.  Ello nos obliga a pensar, en el mundo de hoy, mucho más en la felicidad de los demás, si queremos labrar nuestra propia felicidad.  Las convulsiones sociales que padece la humanidad no son causas sino efectos.  No se puede ser dichoso viviendo en una sociedad económica, política, social y moralmente enferma, pues tarde o temprano esos males indefectiblemente tocarán a nuestras puertas, en una forma u otra. Sintamos como propias las necesidades ajenas, aunque sea en parte, y así, de eso estamos seguros, estaremos forjando una verdadera y auténtica felicidad, fundada sobre sólidas bases de justicia, para nosotros y para nuestros hijos.

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